


La obesidad no es solo un problema estético hoy en día; también es una de las principales causas de enfermedades graves como la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y los problemas articulares. Para los pacientes que no logran perder peso a pesar de la dieta, el ejercicio y los tratamientos médicos, las cirugías de reducción gástrica ofrecen una solución eficaz y duradera en el tratamiento de la obesidad.
Las cirugías de reducción gástrica se basan en la disminución quirúrgica del volumen del estómago. El método más utilizado es la gastrectomía en manga laparoscópica (cirugía de manga gástrica). En este procedimiento, se extirpa aproximadamente el 70–80 % del estómago, dándole una forma tubular. De este modo, se reduce la cantidad de alimentos consumidos y disminuye de manera significativa la secreción de la hormona grelina, responsable del apetito.
Dado que estas cirugías se realizan mediante técnica laparoscópica, los pacientes suelen ser dados de alta en poco tiempo y pueden reincorporarse rápidamente a su vida cotidiana. La adopción de hábitos alimentarios saludables y el seguimiento médico regular después de la cirugía son claves para el éxito a largo plazo.
Las cirugías de reducción gástrica no solo permiten la pérdida de peso, sino que también contribuyen a la mejoría significativa de enfermedades asociadas a la obesidad, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, la apnea del sueño y la resistencia a la insulina. Por ello, en pacientes seleccionados, estas intervenciones mejoran notablemente la calidad de vida.
Sin embargo, no todos los pacientes son candidatos adecuados para una cirugía de reducción gástrica. La decisión quirúrgica debe tomarse considerando el índice de masa corporal, las enfermedades asociadas y el estilo de vida del paciente, y siempre debe ser evaluada por un cirujano especializado en obesidad. Una correcta selección del paciente y un enfoque multidisciplinario son fundamentales para obtener resultados exitosos.